* YA SOY LARVA HAMBRIENTA (por Tyndalos)

o las tengo todas conmigo. Hay alguien aquí. No es una persona, desde luego. Muge de una forma sorda y extraña. Se trata de una especie de bestia, quizá un mamífero de gran tamaño. Pero no es posible saberlo. Está todo tan oscuro… Puede que aquellos dos focos lejanos de luz tengan algo que ver con ello. ¿Serán sus ojos? De ser así, a esa cosa le bastaría con emprender una breve carrera. Puede que… puede que me esté mirando justamente ahora. Sí, en este momento me mira. Puede que su sensibilidad sea de un tipo especial. Visión nocturna como los gatos. Pero yo me pregunto cómo he ido a parar a este lugar. Tan lejos de casa. Tan apartado de no se sabe dónde. Quisiera conocer el por qué. Fueron cien, qué digo cien, mil circunstancias las que me llevaron a este lugar. Todo parecía muy prometedor. Pero es insufrible verse aquí tan solo y en esta maldita oscuridad. Si por lo menos no pudiera percibir esos ruidos. A veces pienso que se trata de un ser humano herido. Pero me veo inmovilizado. Aunque quisiera, movido por un impulso ético elemental, no soy capaz de mover un dedo. La parálisis se va extendiendo, y a duras penas mis ojos giran ya sobre mis órbitas. Me cuesta mucho trabajo tragar la saliva, respirar. Pero, diablos, puedo escuchar aún mi cadena de pensamientos. Sí, puedo hacerlo y eso es señal de que la vida sigue su curso en mi cuerpo. Mi mente se agita en este trasto de hueso y músculos muertos. Pero ¿qué hace? Viene. Sí, se está acercando. Esas luces se acercan y… luego el aliento. ¡Dios! Esta bestia apesta. Vaharadas de fuego, eso es lo que siento en mis mejillas. Pero ¿es humana o no? Si no fuera por la parálisis, sin duda habría echado a correr. Y eso que las órdenes eran bien explícitas: moverse significaría ser detectado al instante. Ellos poseen los trazadores. Salir al espacio abierto implicaría una muerte o una cautividad seguras. Pero todo ha dejado de importar. Hay alguna cosa en este ambiente que me ha reducido a vegetal. Sí, un vegetal que piensa.

Esta aquí. Aaaaaaaquí. Por todos los dioses. Yo no quiero morir. ¿O es que ya he pasado la frontera? Debo dejar de pensar. Puede que el mismo tren de pensamientos sea detectado por esa…cosa. Aquí ya, al lado.
Me mira. Es una entidad de mirada abrasadora. Y sus fauces. ¡No me devores! Ah, no. Parece que por esta vez, no va a ser así. Lo que ella desea, no lo sé. Es una especie de topo, pero con unas dimensiones gigantes. Y lo que creía serían sus ojos, no lo son en absoluto. Miran, pero no son ojos. Son fuentes de luz intensa, aunque tras ella se adivinan miríadas de ocelos. Sí, ocelos como los de los insectos, a millones. Creo que buscan comida, o quizás alguna clase de relación sexual. Es posible que una entidad de esta especie satisfaga sus necesidades de una manera mixta, por medio de un único acto. Dioses, dios bendito, sus flagelos se enrollan sobre mi cuerpo como lo haría una araña con sus telas. De entre unas bolsas bulbosas surgen los fuertes cordones de una sustancia vítrea que me envuelve poco a poco, y entre lametones surgidos de media docena de bocas y lenguas, mi piel se resquema de forma irreversible y unos grandes pedúnculos pegajosos, como la baba de un caracol, se pasean por todas mis partes. Es atroz llegar a esto. Por qué me habré embarcado. ¿No podría haber muerto de una forma normal, digna, humana?

Una especie de extensiones táctiles, retorcidas como sacacorchos, va horadando mi organismo y se posesionan de los fluidos vitales por donde encuentran una vía de entrada. A la vez, la cosa quiere inundarme con sus lascivos pensamientos. Dice que soy ya de su propiedad. Dice que de un momento a otro va a tener comienzo la asimilación.
Ya se inicia el proceso. Una especie de invasión se va desplegando en mis entrañas. A mi cerebro afluyen escenas vergonzosas, que sin duda el topo-insecto inocula a través de los fluidos corporales. La ponzoña más inconfesable surgida de su sórdido planeta, esa basura de vida subterránea es a la que me quiere reconducir mentalmente. Las toxinas por él elegidas en su semen sanguíneo deben estar provocando en mi conciencia todo un espanto de visiones. Por todos los diablos: yo hubiera querido abrirle con mi machete de arriba abajo, sacarle de una vez para siempre sus jodidas entrañas. Pero me veo así, inmóvil y resignado, como una mosca atrapada entre las babas y las cuerdas de una fétida araña. Y, desde luego, eso es lo que parece cada vez más. Una araña inmensa y retráctil, con pelaje abundante que la hace pasar por mamífero o tarántula descomunal, con ocelos inteligentes, pero de una rara y abismal inteligencia que nada humano se podría vincular con ella. Y sus miembros, enhiestos y lascivos segmentos de animalidad, gigantescos tentáculos de enorme poder irrefrenable. Mi ser se desintegra. Dios. Dios. Me veo a mí mismo integrado en su masa corporal. Poseo una conciencia disociada, como si contemplara las escenas desde muy diversas partes y puntos de enfoque. Y lo peor, lo más degradante de todo esto. Siento placer. Un poco o nada humano placer, esa extraña sensación de lujuria y disolución que deben sentir las larvas oscuras como la que ahora me acomete.

De algún horrible agujero, en el sistema más maldito y oscuro de una estrella perdida, estas horrendas larvas han incubado sus huevos pútridos, en un mar de viscosidad generado por ellas mismas. Su reproducción sin tasa y la mezcla insólita de funciones biológicas que acontece en cada individuo de esta raza degenerada y llena de maldad, ha hecho que regiones y continentes enteros de su planeta perecieran bajo la baba, y han obligado a toda forma de vida a desaparecer para siempre o a vivir oculta en más recónditas cavernas, a donde las larvas de los insectos-topo no pudieran acceder jamás. Necesitadas de nuevos entornos donde propagarse, casi exhaustas por realimentarse de su propia inmundicia, han aterrizado en nuestro mundo y se ceban con saña de los nuestros. Yo ya soy parte de sus entrañas. La asimilación se ha completado. Ahora solo sé que tengo hambre. ¿Dónde se esconderán los demás humanos?
¿He dicho “ellos”?


Tyndalos

COMENTARIOS

Comentarios: 1
  • #1

    El Duque Albino (miércoles, 29 abril 2009 16:38)

    Alucinante. En muy poco espacio, eres capaz de atrapar al lector y crear cantidades ingentes de desasosiego. Me gusta cómo vas aumentando el rítmo del relato, a medida que avanza, gracias a la primera persona y, sobre todo, a la estructura gramatica del texto.Me recuerda a los mejores momentos de Cliver Barker.