* SUCCIÓN (por Tyndalos)

ue muy rápido. Repentino y dudoso, pero se pudo ver. La sombra recorrió la amplia estancia, y las llamas se agitaron al paso de algo. Al paso ¿de qué? No lo podría decir. Esta vieja casa siempre supo de espectros. Al lado del lago a donde tantos y tantos cadáveres habían arrojado en la época de la guerra y los “cabezas redondas”, aquí justo, ¿cómo no iba a haber reunión de fantasmas?

 

Pero esta vez fue todo muy distinto. Después del té, las pastas y la sesión espiritista, el doctor Hawthorne quedó pálido.

 

--¡Una cara! ¡El espacio se convierte en una cara!

 

Era cierto. El espacio mismo se arrugaba, sin perder su transparencia. Y los contornos de un enorme rostro enfurecido se divisaron ante nosotros, ante aquella estúpida reunión de ocultistas aficionados. Ms. Stanley musitó a mi lado:

 

-- Quiero morir…

 

Y la cara, la horrenda cara dibujada en el espacio se la tragó. Sí, fue una succión en toda regla. Un viento frío parecía salir de ella, a mi lado.

 

Nunca se supo más de aquella mujer. La policía no nos sacó más información que la que os brindo en este relato. Hay fantasmas, desde luego. Pero aquella visión era de otro género. Habíamos convocado al guardián del otro lado. Y eso era grave.

 

Tyndalos

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