* SOY VIENTO (por Tyndalos)

os días de viento son días para quedarse en casa. Nunca salgo cuando hay viento. Odio el aire cuando me azota en forma de ráfagas. Detesto ver las hojas en el suelo moviéndose en un baile monstruoso. Es terrible el movimiento de las ramas de los árboles, los sombreros que se escapan de las cabezas, los peluquines flotando por lo alto. Es feo y triste, y se puede decir que tengo verdadero pánico al viento. Pero no es una fobia: no es que mi miedo sea de una índole irracional. Hay un profundo motivo de mi horror al viento, especialmente al viento fuerte, y al vendaval.

 

Veo cosas.

 

Sí, ya con una suave brisa soy capaz de detectar los seres diminutos que acompañan al aire y se sirven de él para invadir la Tierra y poblarla al lado de los humanos. Pero los días de viento fuerte, de rachas violentas y tonantes, los seres que puedo captar son grandes, terribles, verdaderos demonios que me miran con sorpresa y odio.

 

Ellos saben que poseo esta capacidad para verles. Y por ello me temen y me rondan. Yo procuro quedarme en casa, no arrostrar peligros innecesarios. Pero incluso a través de la ventana ellos planean, aterrizan en mi jardín, pegan su hórrido hocico de cerdo al cristal y carcajean con los puños apretados.

 

Que yo sepa, nadie más posee este “don” en la especie humana, y solo en relatos muy antiguos he leído referencias de otras personas que pueden ver, o al menos sentir, la presencia de los demonios del viento. Yo pudo percibirlos con completa claridad, e incluso he sentido el bulto de sus cuerpos rozándome de costado en aquellas ocasiones en que el viento se hubo de levantar repentinamente al encontrarme fuera de casa.

 

He estado a punto de enloquecer en numerosas ocasiones. Llevo varios años con este maldito don, que solamente Dios sabe por qué me ha correspondido a mí, precisamente a mí. Una facultad suprasensorial que no me sirve de nada, salvo para realizar la desagradable constatación de que en el mundo hay millones de seres que no pueden ser vistos por el ojo natural ni tampoco imaginados por una mente lógica. Están, son, pero la mayoría de los humanos se ve incapaz de reconocerlos.

 

                                                           ***************

 

Hoy sopla fuerte. Hoy vienen a por mí. Hoy rodean mi casa y empujan con fuerza los cristales, haciéndolos añicos. Hoy veo a esos demonios por doquier y están cansados, muy cansados, de tener testigos. Se acercan por el pasillo. Suben las escaleras hacia el piso alto. Entran en mi estudio, donde yo creía poder refugiarme. Se acabó. Me llevan consigo. Me llevan por los aires, alto, muy alto. Atrás queda la terraza y abajo se ve el tejado puntiagudo de la casa. Sobrevuelo por encima del gallo metálico de la veleta y de una de las chimeneas de ladrillo. Muy lejos y muy diminuto se percibe el pueblo. Parece de juguete. Y ahora no veo ya más que un puntito de color rojo sobre el fondo verde, y las hermosas colinas. Todo queda lejos. La misma tierra y el propio firmamento. Y me susurran al oído las cosas más horribles. Ellos fueron almas una vez. Ahora son nada más que locas criaturas del aire, seres que odian, que raptan, que violan y surcan distancias cósmicas en busca de alimento. Soy como ellos. Y ya me gusta el aire. Soy viento.

 

Tyndalos

COMENTARIOS:

Comentarios: 2
  • #2

    Tyndalos (sábado, 12 marzo 2011 10:05)

    Muchas gracias, gran Kharvatos. Eres muy amable.

  • #1

    Kharvatos (viernes, 11 marzo 2011 13:04)

    Espléndido pequeño relato de pavorosa transmutación maese Tyndalos. Un diez.