* RECONQUISTA (por Tyndalos)

uando llegó el sacerdote, la niña ya expulsaba espumarajos por la boca. La criatura hablaba de forma extraña, con los ojos en blanco, emitiendo sonidos guturales y palabras en una rara lengua. Era evidente que se trataba de un caso de posesión diabólica. El Padre Fergus comenzó a leer párrafos en latín. Aquel manual para exorcistas era una auténtica reliquia. Cada vez que lo abría y lo cerraba, una nube de polvo se levantaba de sus amarillentas hojas. El cura ponía también sus ojos en blanco, o entonaba versículos con la mirada entornada. Él mismo sentía el miedo. Satán andaba muy cerca, y él sabía de sobra lo tentador que era el demonio. La familia de la niña gemía en un rincón. Abajo, algunos vecinos y allegados mantenían un cordón de seguridad ante los curiosos y los extraños. Toda la casa olía a azufre y a orín. Unas extrañas nubes en miniatura, como negros murciélagos, revoloteaban por la penumbrosa techumbre del caserón. Era evidente la presencia del Maligno. Era evidente que el Príncipe Negro había tomado posesión del lugar. Fue entonces cuando la niña comenzó a hablar. --“Él vendrá. Él, montado en un dragón negro de mil ojos refulgentes. Él, el adversario de Dios, el único que está por encima del Creador, la espada refulgente de la Justicia”. El Padre Fergus le arrojó a la cara un chorro de agua bendita. La niña se convulsionó, dio grandes aspavientos y con voz viril y terrible espetó estas palabras al exorcista: - “¡Pudrete en el averno, saco de lujuria!¡Tú serás el primero en arder en las llamas!” Y todos vieron cómo del pecho de una niña de corta edad salía un macho cabrío de ojos refulgentes y lengua de fuego. Y todos vieron cómo unas garras de crustáceo de tamaño descomunal abrazaban al sacerdote y hacían estremecer su cuerpo en medio de crujidos de huesos y brasas de fuego. La familia echó a correr y la Bestia bañó con fuego toda la vieja mansión. Desde entonces, ya no hubo suficientes exorcistas para poner freno a la plaga de posesiones. Cada criatura llevaba un demonio dentro. Y los más santos comenzaron a blasfemar. La Bestia era dueña y señora del Mundo. Recuperaba lo que era suyo.

 

Tyndalos

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