* NOVELUCHAS DE TERROR (por El Duque Albino)

El pequeño Timmy metió los pedacitos ensangrentados

de su amiguito Jack —quién segundos antes había sido embestido por un tren de mercancías— dentro del cubo de plástico, de color azul, que le había regalado su mamá aquella misma mañana.”

 

a gente viene en masa a la sesión de firmas que organiza una gran superficie comercial, durante los meses dedicados a la promoción de mi nueva novela de terror; y me cuentan lo mucho que les ha gustado el libro.

 

Alaban la originalidad del planteamiento; lo maravillosa que es la prosa; lo absolutamente genial que soy; bla, bla, y más bla... Entonces, pongo mi estudiada cara de me importa todo una mierda, y les digo, tan arrogantemente, como me es posible:

 

Me limito a vomitar las palabras sobre el papel, nada más...

 

Es una pose, claro. Pero las leyendas negras de los autores hacen que sus libros se vendan más, y ese tipo de frases ayudan a alimentar el mito.

 

Mientras más misterioso y sombrío te muestres con tus seguidores, más presión harán éstos por convertirte en un escritor de culto. Cosa que no asegura ingresos, no, pero que provoca que tus obras sigan publicándose incluso después de muerto. Y eso, en el fondo, es la meta que todos los que nos dedicamos a narrar historias deseamos alcanzar.

 

El dinero, y los caprichos derivados de éste, pueden haberme jodido y llenado de mierda la cabeza, de hecho, me paso la mayor parte del tiempo viendo cosas que sólo yo veo y tratando de mantener el equilibrio a cada paso; pero aún así, sé distinguir cuáles son mis prioridades.

 

Y os aseguro que nada podría hacerme más feliz que, como ocurre con el conjunto de la obra de Edgar Allan Poe o H. P. Lovecraft, por citar dos ejemplos de literatura de terror, mis obras sigan reeditándose y, sobre todo, leyéndose; incluso por gente que nacerá mucho después de que mi cuerpo haya sido devorado por los gusanos y todos mis coetáneos hayan desaparecido de la faz de la tierra.

 

Llevo años recopilando toda la información relacionada conmigo que aparece en los distintos soportes. Primero lo hacía porque me divertía muchísimo leer las barbaridades que se contaban sobre mí; luego, no sé, quizá por inercia, quizá porque estoy muy cerca de la línea que delimita la cordura.

 

Dada mi actual situación, creó que nunca escribiré una biografía. Pero si lo hiciera, estoy convencido de que su contenido estaría más próximo a los rumores y falsas informaciones que se han ido vertiendo sobre mí, a lo largo de los años, que a los verdaderos hechos y acontecimientos de mi vida. Es tal el maremagno de fechas, lugares y personas que han sido adulteradas por los medios de comunicación, que no sé que partes de mi pasado me pertenecen y que partes me son ajenas.

 

Mi vida es una confluencia de opiniones dispares. Y la verdad es que no me encuentro con ánimos de hacer una criba y ordenar cronológicamente mi pasado. No por el hecho de que tema que los acontecimientos de mi vida puedan ser menos apasionantes que los descartados en la criba, sino, porque, tal vez, dichos acontecimientos, puedan ser mucho más apasionantes, y en consecuencia, mucho más espeluznante y devastadores de lo que pueda estar preparado para digerir.

 

Por todo esto, prefiero ser el asqueroso narcisista que soy. Capaz de levantar un templo a su persona en una habitación de 25 metros cuadrados; pero, también, incapaz de afrontar sus miedos más íntimos. Pues, sí, amigo: reconozco mi más absoluta cobardía.

 

Jamás osaré penetrar en la oscuridad de mi propio subconsciente. Nadie, en su sano juicio o loco de atar, debería escarbar en lo más hondo del ser. Porque, dentro, creedme, habitan los monstruos más horrendos que la imaginación pueda crear. Y hablo con pleno conocimiento de causa. Recuerda que yo escribo acerca de ellos.

 

Al leer mis palabras, si eres medianamente inteligente, te habrás percatado de que mi estado de ánimo no es el mejor. Y la verdad es que, si la muerte espiritual se torna endeble umbral para todo aquel que contempla estupefacto su propia destrucción, como es mi caso; basta decir que me hallo a un paso de traspasar las puertas del infierno, real o inventado, y fornicar con un cadáver, en igualdad de condiciones.

 

Voy a morir hoy, y no a causa de una dolorosa enfermedad, como siempre había soñado que sería, sino por elección.

 

Está decidido. No hay vuelta de hoja. En este momento, escribo las últimas palabras de mi vida.

 

Podría enumerar mil motivos distintos para hacer lo que me dispongo a hacer, pero por una vez en la vida seré egoísta y me llevaré los porqués a la tumba. Que sean los buitres mediáticos los encargados de especular sobre una muerte que, probablemente, se les antojará tan repentina como extraña.

 

Sólo diré una cosa más:

 

No fui un mal tipo... intenté hacer tanto bien como pude; a pesar de mis pecados.

 

El mechero sisea antes de que una chispa queme el mundo a mí alrededor.

 

 

El Duque Albino

 

COMENTARIOS

Comentarios: 1
  • #1

    shilar (martes, 08 marzo 2011)

    Impresiona leer la lucidez que se adivina. Me ha gustado mucho.
    Felicidades por el tema del cómic. Ya nos mantendrás informados