* MOSCAS (por Tyndalos)

uando las moscas acudieron al cadáver, el zumbido de todas ellas estuvo a punto de hacerme enloquecer. La nube negra parecía dotada de unidad y conciencia. Eché a correr en medio de la nube y mi alma gritaba más que la garganta. Entraban por todos los orificios de mi cuerpo y sus pinchazos eran tan hondos que la sangre se deslizaba a borbotones por todo el cuerpo.

 

Jenny había muerto tras la posesión. Después de lanzar unos gritos estentóreos y gemir con voz ronca de hombre, y además en una lengua extraña, el Diablo la abandonó. Pero como ya carecía de alma, en cuanto Satán la dejó a su suerte, ella se tendió en el suelo exánime. Su hermoso cuerpo, su larga melena, sus labios ensangrentados sobre la fría losa del Templo, esa visión me había encandilado por unos momentos. Hasta que llegaron las moscas… Jenny había recobrado la hermosura previa a la posesión. Si cabe, la belleza de la chica se había realzado con la muerte, con la muerte definitiva que suponía la huída del Demonio y el descanso eterno de la chica. Su cuerpo blanco y perfecto había sido una mansión mancillada por el Príncipe Negro. Ahora, deshabitada, la mansión de carne era un foco de atracción para las moscas. Moscas: el cortejo de Satán.

 

Corrí hacia la pila bautismal. Allí empecé a frotarme con el agua bendita. Traté de lanzarla con las manos a la espesa nube de moscas. Ellas parecían gritar, aullar como espíritus enloquecidos. Dice el Libro del Averno que cada mosca contiene un alma condenada, un esclavo de Satán. El poder del agua de Dios se mostró eficaz frente a ellas. Seguí corriendo hacia al Altar y allí, desnudo como estaba, me dejé rociar con el vino consagrado, derramando el cáliz sobre mí ante la mirada atónita del sacerdote. De mi piel surgió un extraño fulgor, y las moscas carbonizadas chisporroteaban contra la película de fuego que rodeaba mi cuerpo.

 

Jenny y yo habíamos acudido a la Misa Negra, habíamos sucumbido a los rituales de iniciación, y ya estábamos a punto de entrar en contacto con el Príncipe Negro. Al ver a la chica en estado de posesión, en vano había tratado -con todas mis fuerzas- de sacarla de la cripta. Su muerte sobrevino realmente en cuanto habíamos ascendido desde la cripta hasta la nave central de la catedral. Allí mismo, en presencia del Señor, Satán abandonó a Jenny y dejó en su lugar el ejército de moscas. De ellas, ya solo quedaban manchas oscuras sobre el marmóreo suelo.

 

Hágase su Voluntad.

Adiós Jenny.

Ahora debo rendir cuentas de mis faltas…

 

Tyndalos

COMENTARIOS:

Comentarios: 1
  • #1

    Karamel (miércoles, 26 septiembre 2012 18:57)

    Appreciate your info