* LOS OLVIDADOS (por Kharvatos)

"A Zelia, con cariño y para que sus pasiones y sueños no la abandonen jamás"

en confianza.

 

Las calles de la ciudad, a estas horas de la noche, me recuerdan el desamparo al que estoy sometida desde hace tiempo. Lo acepto con resignación. En el transcurso de todos estos años me he acostumbrado a la soledad y la indiferencia. Sé que es terrible. Pero el destino marca nuestra vida, la mayoría de las veces, de forma muy cruel. No tengo opción a pensar otra cosa, puesto que mi propia experiencia es la única que me puede servir para valorar el asunto. La situación que atravieso destroza mi ánimo y todas mis esperanzas e ilusiones. Vacía... hueca, sin motivaciones. Sólo caminar. Contemplar el mundo desde una extrema y alienante perspectiva. Como si no perteneciera a él. Tan sólo un visitante que está de paso y observa todo sin percatarse de nada. Sin sufrirlo a estas alturas, me siento foránea en todo momento. A veces tengo la sensación de perder mi propia identidad. Pero estoy muy cansada, y ese maldito estado desaparece pronto. Sencillamente no soy capaz ni de mantener mi propia locura. Es irónico. Hasta para estar loco hay que tener empatía con tu entorno. Aunque solo sea para permitirte el lujo de desligarte de él.

 

Cruzo una avenida sin advertir el vehículo que se me echa encima. El conductor apenas tiene tiempo de frenar. La luz de los faros se me clava en las retinas. Miro sin percibir y el capó queda clavado a pocos centímetros de mí. El sonido del claxon me ensordece. Pero mi corazón sigue latiendo al mismo ritmo. Sin inmutarme continúo caminando. Llego hasta una esquina. Un callejón húmedo y oscuro. Cerca de unos contenedores, que apestan a pescado rancio, una mujer duerme entre cartones. ¿O quizás está muerta? No lo sé. No me importa. Pero entonces...¿por qué me he fijado en ella? Atisbo a mi alrededor. Las pocas personas que caminan por la acera no le prestan atención. Es curioso. El resto del mundo me es ajeno pero... ¡aquella mujer! Siento que algo está cambiando en mi. En mi forma de percibir el entorno. Como si mi espíritu estuviera ocupando otro frívolo cascarón, al que ha de instruir para que sepa interaccionar de nuevo con el medio que le rodea. De repente me asaltan las dudas. Algo que no sentía desde hacía mucho tiempo.

 

Aún puedes redimirte.

 

Saco la cámara de fotos de mi bolsa y, sin dudarlo, me acerco a la mujer. El flash comienza a destellar, cuatro, diez... hasta quince veces. Tomo la misma imagen desde distintos ángulos. El cuerpo sigue inerte pero algo me impide parar y dejar de capturar ese trocito de realidad por siempre. ¡Claro! ¡Quizás pueda venderlas mañana por la mañana! ¡Algún articulista seguramente redactará un bonito y demagógico ensayo sobre los desposeídos de este mundo! Y vuelta a la rutina de siempre. Yo podré pagar el alquiler esta semana. Una semana más que me será permitida la continuidad de esta burda forma de vivir. Como la del resto. Pero hay una diferencia. Ellos no son conscientes. Y yo al menos tengo entendimiento. Aunque no sirva de nada. ¿Verdad?

 

Te estoy mirando.

 

La mujer se ha movido y ha girado su cabeza hacia mí. Los ojos muy abiertos. Lacrimosos. Su nariz regordeta... y su pelo lacio y graso que el gorro de lana apenas deja entrever. El visor me encuadra la imagen. Y entre números, de diafragmas y exposiciones, su rostro se recorta deforme. Como una mancha pálida carente de emoción. Cierro los párpados un instante. Quiero pensar pero no puedo. Es increíble. Apenas unos segundos y no recuerdo sus facciones ¿Como es posible? Vuelvo a mirar. Sigue ahí. Impertérrita. Jodiéndome con su mera presencia. Como un maldito grano en el culo. Me doy asco y siento náuseas, pero sigo disparando.

 

Acercate.

 

A pocos pasos ya de la vagabunda me inclino para sacarle un primer plano. Su rostro es una máscara sin expresión. Su mirada atraviesa mi alma. Bajo la cámara y la observo boquiabierta un buen rato. Me doy cuenta de que me habla. De que me dice todo lo que no quiero saber. No obstante, aún sin creerlo, me cuesta fijarme en sus facciones. Si desvío la vista de ellas soy incapaz de describirlas. No tiene sentido... pero creo que estoy descubriendo algo terrible y espantoso. El mundo es mucho más oscuro de lo que podáis imaginar. Ahora me doy cuenta. La mujer se incorpora y me hace un gesto para que la siga. Sabe que yo sé y eso no me da otra opción. Voy tras ella.

 

El callejón es largo y estrecho. Huele a podredumbre y orines. Las verticales de los edificios se levantan a ambos lados, opresoras e impertinentes, como si fueran a cerrarse y aplastarme como a una hormiga en cualquier momento. Una luz en una ventana. El ruido de unas cañerías. La humareda que sale de una alcantarilla. Allá arriba las cornisas enmarcan, a modo de pequeña y singular claraboya, un cielo punteado por trémulas estrellas y rasgado de nubes. De cuando en cuando se oyen sonidos apagados... un niño llorando, una pareja discutiendo, la tos de un anciano, el maullido lejano de un gato... Estoy experimentando la Gran Verdad y siento, por unos instantes, que estoy mas viva que nunca. Resulta fascinante. Noto latir mi propio corazón, el bombeo de la sangre por mis sienes.

 

¿Lo ves allí? ¿Lo ves?

 

Al final del callejón. Una valla de madera, medio ajada, con pintadas y plagada de graffiti . Una portilla que se abre. La mujer. Una mirada dulce. Una sonrisa. Una leve inclinación de cabeza y un gesto amable invitándome a entrar. Debería sacar alguna foto. Pero no. Ahora no. Esto es algo mágico. Rompería el hechizo, y quiero creer porque necesito estar henchida de esa sensación. Todos los días no son como éste, y alguna vez hemos soñado con un momento así. Atravieso el umbral mientras ella me susurra esperanza. En ese momento abandono toda la lobreguez, que instantes antes, me sumía en la desesperación.

 

Camina... siempre camina hacia adelante.

 

Unas escaleras que descienden. Las tinieblas me acogen pero no son, ni por asomo, como las que he dejado atrás. Me confortan. Son promesas envueltas en misterio pero también en puro albedrío. El mío propio que las impregna. Que les da forma. Ellas son mi guía ahora, flotando a mi alrededor y meciendo mi ímpetu. Sigo bajando por aquel hueco como si fuera engullida, poco a poco, por el esófago de alguna enorme bestia imaginaria. Tan solo el crujir de los peldaños, vieja pero sólida madera, y mi calma respiración rompen el silencio. Abajo... muy abajo. Una tenue luz. Llego al final. Un suelo de mármol blanco me recibe y, frente a mí, un portal de cuya oquedad mana un tenue fulgor. Está orlado por infinidad de figuras fantásticas, talladas en el dintel a modo de guardianes que flanquean la entrada. Oigo un murmullo de voces ininteligibles que besan mi conciencia. Soy admitida, pues por alguna razón estoy allí. Lo atravieso sin dudar.

 

Bienvenida.

 

Al otro lado una enorme sala repleta de columnas infinitas que acarician una cúpula de dimensiones imposibles, y cuya nervadura trasciende su función para someter sus cualidades a las del mismo ambiente que invade el recinto. Ensoñación, glamour, ilusión o como lo quieras llamar...

La rapsodia de estatuas y bajorrelieves en torno mío configuran un paraje quimérico difícil de describir. No son de este mundo, ni siquiera tengo constancia de si son reales o no. Están ahí. Simplemente. Vigilantes de las eras sin retorno y ahora vetados de nuestra existencia. En otros tiempos invadían el mundo con su magia y sus hechizos. Nos inculcaban el respeto por todo lo que es. Hoy, apagados y despreciados por ignominia de nuestra soberbia, se mantienen ocultos a nuestros ojos. Están a nuestro lado... pero somos incapaces de percibirlos y, sobre todo, de entenderlos. Fueron llamados, hadas, faunos, elfos, dioses, demonios y mil nombres mas...Gigantes de toda condición, caballeros sin nombre, damas del paraíso. Han tomado forma de vergüenza. Pueblan nuestras calles y los asilos. Los manicomios, los hospitales, las cárceles, las naciones sometidas por el abuso y la infamia. Los desheredados. Ellos compartieron con nosotros la historia, el arte, la ciencia... ahora han sido olvidados. Hemos caído en una trampa meticulosa e ignorantemente construida por nosotros mismos.

 

Soy yo... fíjate en mí.

 

Si. Ahora lo veo. El atrio central. Una cálida luz que desciende desde la clave de la bóveda hasta iluminar la figura de la mujer. Es hermosa. Terriblemente hermosa. Vestida con una fina túnica bordada con delicados encajes y que deja entrever sus formas. Sus rubios cabellos que caen sobre su espalda mecidos por una suave brisa. Su diadema dorada. Sus pálidas mejillas. Sus ojos, luminarias azules que brillan como perlas bajo una laguna de aguas transparentes. Y esa voz suave y tranquila... la escucho desde que era una niña.

 

¿Te das cuenta de lo que eres? ¿De lo que yo soy? ¿De todo lo que hemos sido? Ahora, tan sólo has visto una parte de lo que nos es revelado desde el Principio de los Tiempos. Antaño todos fuimos una sola raza. Convivíamos en paz y armonía. Pero algo sucedió. Una nueva manera de entender el vínculo con nuestros semejantes y todo finalizó. La codicia, la envidia, el odio...Ambos universos coexistentes se separan cada vez más. Luego nos espera la Nada. El final de Todas las Cosas. Si la Fantasía se acaba todo terminará. Puesto que no puede haber Realidad sin Fantasía y Fantasía sin Realidad. Nuestra condena es vuestra condena también, al despreciarnos y relegarnos al Olvido... No obstante, aún hay esperanza. Todavía quedan hermanos, como tú, que comparten ambos mundos. Eres tan especial, mi pequeña, que ni todas las estrellas del firmamento serían capaces de eclipsar la luz que mana de tu interior. Recuerda siempre... recuerda, porque lo maravilloso existe y no todo está perdido aún.

 

Sus palabras llegan a mi mente como una canción de cuna. Arropándome y tranquilizando mi alma. Tengo que recordar... debo recordar. Porque cada recuerdo significa menos dolor.

 

Ahora si.

 

El rocío del amanecer cubre mis ropas y mi piel. La valla del callejón al fondo. Solo trazos de pintura en un lienzo deforme y tosco. La tímida luz del sol comienza a colarse entre los edificios. Y la ciudad comienza a despertar. Sé que no ha sido un sueño. Y aunque lo fuera...¿Que importancia tiene? ¿ Acaso en los sueños no vivimos una gran parte de nuestra existencia? Sonrío al aire que me despeja y no puedo evitar una lágrima. Recuerdo. Si. Recuerdo. Me giro para volver a casa... Pero antes, una foto. Saco la cámara y disparo sólo una vez. Resulta fascinante. Es la fotografía mas bonita que he hecho nunca.


Kharvatos

COMENTARIOS:

Comentarios: 2
  • #2

    Kharvatos (viernes, 30 octubre 2009 01:02)

    Muchisimas gracias amigo Tyndalos. Tus comentarios son siempre bien recibidos en este pequeño rincon literario. Quizás este no sea el estilo que me ha definido siempre...pero este cuento me lo inspiró una personita muy especial.

  • #1

    Tyndalos (jueves, 29 octubre 2009 16:58)

    Tras el horror, bajo la basura, un mundo de Maravilla,
    Esa es la sabiduría que se esconde, por ej., en Arthur
    Machem. Lo gris cotidiano esconde un "sacramento", un
    grial. Buen cuento, Maestro.