* LOS GUARDIANES (por Tyndalos)

n el momento mismo de morirse Addison me miró. Sus palabras no eran inteligibles pero sus ojos lo decían todo. Él lo había visto. Era cierto. Sus teorías se habían confirmado por fin. Estas cosas existían, y su presencia era un dato innegable justo en los momentos de transición a lo que el profesor llamaba “el otro lado”.

 

Vino el forense. Después aparecieron sus sobrinos y el resto de la escasa familia del investigador. Casi nadie rezó y no se oficiaron liturgias de ningún tipo. En señal de tributo, decidí a poner entre sus manos un ejemplar del Tratado de Hiperfísica. Era su obra de treinta fatigosos años.

 

Cuando la tierra se lo llevó, y después de la última palada del empleado del cementerio, corrí a su despacho a por los papeles manuscritos de Addison. Debía saber con exactitud en qué andaba metido el anciano justo antes de morirse.

 

Fue tarea ardua descifrar su letra temblorosa, pero no tardé en hallar párrafos de lo más desconcertantes. He aquí una muestra:

 

En el trance de la Muerte (sic) los ojos carnales del peregrino ceden sus funciones a los ojos del alma y ésta es capaz de visionar a los guardianes del Paso. Ellos conducen al moribundo a las Estancias provisionales donde mil suplicios les aguardan…”

 

Desde los tiempos en que yo fui su ayudante de cátedra, desde la época en que el Ministerio firmó su expulsión debida a sus “teorías desacreditadas, propias de un charlatán”, sabía que el pensamiento de Julius H. Addison, sabio inglés afincado aquí, en la República de Argentina, había experimentado una profunda radicalización. Su enfoque positivista y cartesiano de la juventud había derivado hacia las más estrambóticas especulaciones metafísicas acerca de la Vida y la Muerte.

 

En otros pasajes, la extraña teoría de mi antiguo maestro contemplaba posibilidades terribles:

 

Justo en el momento en que el moribundo se transforma en peregrino y penetra en las Estancias del suplicio, conocidas como purgatorios, los guardianes del Paso pueden aprovechar esa transición y colarse en nuestro pobre mundo. Es así que los vivos hemos presenciado aparecidos durante toda la historia de la raza, no importa en qué época o civilización...”

 

Y también:

 

“…la visión de éstos guardianes del Paso es una de las experiencias más enloquecedores a las que puede verse sometido un humano…”.

 

Sin dudarlo, llegué a la convicción de que Addison se había vuelto loco. Sus teorías se habían vuelto, por decirlo de una forma sencilla, productos de una mente enferma.

 

Sin embargo, una serie de experiencias singulares, imposibles de ser explicadas bajo los criterios habituales de nuestra ciencia materialista, comenzaron a ponerme en guardia respecto a mis anteriores juicios sobre el profesor Addison.

 

Todo comenzó aquella noche calurosa de agosto en la que había terminado de revisar la descomunal obra manuscrita de mi viejo maestro. Bajé del despacho con la cabeza dándome tumbos, ansioso por meterme en la cama y gozar del descanso. Pero el calor me impedía conciliar el sueño y sólo después de muchas vueltas en la cama y extrañas visiones en duermevela caí en las profundidades de la vida dormida.

 

Y allí las visiones se hicieron más inconcebibles aún, dotadas de una rara materialidad, como si se yo hubiera traspasado algún umbral prohibido a quienes viven en la vigilia y nada saben sobre los Guardianes.

 

Me hallaba libre de todo lazo con el mundo civilizado, con el cuerpo húmedo por haber venido de un mar calenturiento, como si de una sopa llena de sargazos y extrañas entidades adherentes hubiera salido yo, un náufrago de los oscuros sueños. Ciertas medusas raras y urticantes me mortificaban la piel por todas partes, y multitud de babosas marinas fosforescentes succionaban de mi piel desnuda como si fueran bocas de vampiros invisibles que me habían acompañado como parásitos en mi travesía a nado por aquel opaco mar, sucio e iridiscente.

 

Ya llegado a aquella playa llena de cadáveres en descomposición y extraños pulpos carroñeros dotados de conchas y cuernos punzantes, pude percibir un pitido agudo, enloquecedor.

 

Allí apareció, tras una loma de cadáveres, el viejo profesor Addison, un difunto vuelto a su cuerpo juvenil, aunque igualmente sucio de algas y devorado por criaturas infectas que formaban, como pasaba conmigo, su único y lamentable vestido.

 

El pitido insoportable salía de su boca en lugar de las palabras. Pero yo le comprendía. Decía el profesor que ya estaba a punto para encontrarme con los Guardianes. Que nos pusiéramos sin tardanza a buen abrigo.

 

Y ellos no tardaron.

 

Unos puntos luminosos, tierra adentro, unos puntos que al instante cobraron forma como entidades poliédricas y de estructura cambiante. En ellas había ojos, había luces, había sonidos que atravesaban el cerebro y podrían enloquecer a cualquiera. Y esos palpos. Unos palpos horrendos, como flagelos ansiosos por incorporar a sí todo tipo de materia orgánica.

 

Uno de ellos me alcanzó, mientras Addison emitía también sus desconcertantes pitidos, como si ya no fuera humano. Estaba muerto el viejo profesor, yo lo olvidaba… Quizá solo se trataba ya de un arquetipo.

 

Y ahora me tocaba a mí.

 

Me metieron dentro del poliedro.

 

Deje de hablar, de sentir. Volví al principio de todos los principios. También me devoraron el alma, tras el cuerpo, y llegué a ser eso también, un simple arquetipo.

 

Y fue así cuando desperté, bañado en sudor, devorado por las chinches, con el ruido de la gran ciudad al fondo, ciudad real llena de humanos vivos y cláxones de coches… Fue solamente un sueño pero…

 

Pero una esquina del poliedro, del maldito poliedro que da forma a los Guardianes, se deslizaba por la ventana abierta y huía hacia la calle, convertido ya en punto de luz de los muchos que cruzaban la avenida.

 

Me habían vigilado durante el sueño, y mis ojos oníricos pudieron verles.

 

No sé para qué vivimos.

 

Somos, quizá, apenas su alimento.

 

Tyndalos

COMENTARIOS:

Comentarios: 3
  • #3

    Kolagenový nápoj (miércoles, 30 mayo 2012 04:36)

    Thanks for details

  • #2

    Tyndalos (lunes, 19 octubre 2009 22:08)

    Muy agradecido, Guardián del Umbral. Mi afán es desvelar
    a los que siempre vigilan. Y la noche es nuestro común
    reino...

  • #1

    Kharvatos (lunes, 19 octubre 2009 03:45)

    Excelente y lovecraftiano relato amigo Tyndalos. Lo he leído a altas horas de la noche y he disfrutado mucho con él. Ahora intentaré conciliar el sueño...