* LA LUZ DEL PADRE LOUIS (por Tyndalos)

l Padre Louis bajó las escaleras que se abrían en el suelo de la sacristía. Allí, una lumbre lo aguardaba. El la siguió. La luz le guiaba a través de peldaños mohosos que conducían a una estancia ovalada. Seis sendas horadaban el gris de la piedra. La luz tomó una de ellas. El Padre Louis rezaba durante todo el camino. Otra cosa no podía hacer.

Nuevas estancias. Otras seis vías y la luz. La luz siempre escogía. La luz siempre pensaba…El Padre Louis era incapaz de pensar, la luz lo hacía por él. El Padre Louis repetía sus oraciones una detrás de otra.

Al fin, otro agujero en el suelo. Después, más pasillos hasta que, por fin, la cripta subterránea se selló. El Padre Louis rezaba con su voz ronca, en tono muy alto, estentóreo. La piedras gemían, los murmullos infames le encerraban más y más, mil siglos de tortura y profanación, mil siglos de condenas y sacrificios. Murmullos impíos y gritos –hórridos todos- se unieron al coro de oraciones…y de luces. Tras esa luz vino otra que recorrió toda la habitación. Y vinieron más….

Las luces hablaban entre sí en arcaicos idiomas. Las luces eran hijas parlanchinas de una madre extraña. Una madre que es maldad y lleva en sí a mil luces adosadas. Un agregado pecaminoso iluminando la noche….

Las luces se reunieron y gritaron y las piedras se sumaron al concierto. El Padre Louis rezaba entre lágrimas y convulsiones. En algún instante pudo rezar, en contra de su voluntad, algunas palabras sacrílegas y estremecedoras. Palabras que flotaban formando una nube de sonidos…y el olor a muerte, el olor a maldad antigua y sepulcral…

El Padre Louis rezaba. Ya no era un hombre: era una máquina de humillación. Gemía, gritaba, suplicaba de rodillas: “Dios, sácame de este infierno!”

Pero Dios no cabe donde las luces habitan. Su esqueleto se consumió en aquella tumba donde él y otros más formaron legión y se volvió luz: otra malvada y parlanchina luz.

 

Tyndalos

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