* LA HISTORIA DE URIK (por Tyndalos)

a nave se hizo a la mar entre fuerte oleaje y relámpagos incesantes. Las lágrimas se le hacían uno con la lluvia menuda y copiosa que caía de los cielos. Allí debían morar dioses tristes que sabían de las limitaciones de los mortales, conocedores de su fatal destino. Un dios adverso debió mirar mal a Urik cuando éste juró vengar a su padre y partió con su nave a la incógnita Thule, de la que nada saben ni los más viejos marinos. Aiggin “La de trenzas de trigo” lloraba sin consuelo sobre la Roca del Destino. Este promontorio retaba al dios de los mares pinchando con su granito a las olas que, al igual que zarpas de un ser ingente, se abalanzaban contra la costa en su afán de robar a la Madre Tierra sus frutos y delicias. Aiggin gritaba a los cielos y al océano pero ninguno de nosotros podía comprenderla. La nave ya se iba lejos, contra el horizonte occidental donde moran los difuntos hasta que el universo complete sus ciclos.

Ya la tormenta se desató del todo, y el temor a la ira celeste nos llevó al cobijo de nuestras casas. ¿Y Aiggin? El más anciano del clan ordenó dejarla. Hija de reyes, hermana de príncipes y de la mejor sangre de guerreros brumosos, ella, “La de trenzas de trigo” no iba a asustarse por una tormenta. Ella misma era en su alma una ciega tormenta cargada de rayos de reproche a los dioses inmortales. Ella sabía que nada peor podía acontecerle en su vida.

--Anciano Lothumm, cuéntanos su historia.- solicitaba un muchacho de ojos verdes como los abetos de Gutharammer.

Mientras el anciano se lo pensaba, las llamas de la nave se divisaban con claridad por entre los negros nubarrones. Las últimas honras a uno de los buenos guerreros brumosos iban camino de completarse entre la ira de los mares y la de los dioses inmortales. Algo en el universo había cambiado. Los grandes hombres conmueven a las fuerzas del más allá cuando éstos parten en su último viaje.

--La historia es larga de contar, muchacho—empezó a decir el sabio Lothumm—mas déjame decirte que Aiggin amó al gran guerrero que se nos fue como nunca una dama amó a un mortal. Pero la ira del dios Gnenurr, cuyo falso nombre pronuncio para no excitar su odio hacia mí, se encendió contra Urik, hijo de reyes y padre de muchas hazañas. Ese mal dios codiciaba las prendas de hermosura y nobleza de Aiggin, a quien ahora oyes a lo lejos gritando sin consuelo. Raptó Gnenurr el Oscuro a la noble hembra y se la llevó hacia el horizonte, quizá a la tierra de muertos y cadáveres hambrientos donde él mora y guarda muchos feudos. El digno y bello amante de Aiggin partió sin demora hacia tan terrible morada, no sin haberse cruzado con enormes peligros. Los dragones de lo profundo le salieron al encuentro. Los pájaros gigantes de la isla Hiperbórea se cernieron sobre su nave. Muchos de los fieles acompañantes de nuestro valiente, cayeron en la locura y se arrojaron al mar a la búsqueda del amor falso de pérfidas sirenas. Pero la nave llegó a las costas de la tierra de la Muerte, y allí el amante de Aiggin llamó a gritos a Gnenurr. Éste dios bestial no tardó en salirle al encuentro…

Y al hacerlo, el escaso sol del Occidente Boreal se escondió y las almas muertas chillaron como si un fuego abrasador hiciera trizas sus entrañas. Gnenurr, al que no debemos nombrar por su verdadero apelativo, le presentó batalla con la ira y el orgullo propios de los inmortales. El héroe a quien hoy devolvemos al mar y al fuego le hirió de muerte en aquel combate desigual, y el malvado dios cayó de bruces sobre las heladas rocas de su propia mansión. Su cuerpo informe se fundió con el perfil de la costa de su isla, lugar imposible de hallar en los mapas. Aiggin fue rescatada de su cautiverio, y con alborozo ella misma rompió las cadenas a la vista de su amado, pues bien dice nuestro bardo Yggun: “el amor rompe las cadenas y despierta a los muertos”. Juntos y felices regresaron en la nave con la tripulación mermada y enferma, pero feliz por el buen desenlace de su acción, hazaña entre las hazañas. Pero en la costa de aquella tenebrosa isla, a las puertas de tan horrenda mansión, los muertos y demás esbirros de Gnenurr gritaron voces que les trajo el viento, y también repetían unos pájaros negros del tamaño de un barco, diablos que cruzan aquellos cielos negros:

Escuchad, Urik y Aiggin. Nunca llegaréis los dos vivos a puerto. Al traspasar al Amo con tu espada, Urik, te has contaminado con la sangre divina de Gnenurr. Es veneno para los mortales, y no tardará en hacer su efecto”

Y así fue como nuestro héroe perdió poco a poco el conocimiento, y las fiebres y dolencias hicieron acto de presencia nada más comenzar el viaje de regreso.

Y así es como la doncella Aiggin será viuda eternamente, triste difunta entre los vivos, y hermosa belleza triste que nunca hará otra cosa más en sus días que desafiar a las aguas y a los vientos, difamar a los dioses y enfrentarse al destino. Pues tal es el porvenir de los que mucho amaron y mucho sufrieron.

 

F I N

 

Tyndalos

COMENTARIOS

Comentarios: 4
  • #4

    Tyndalos (miércoles, 20 mayo 2009 22:58)

    Me alegran tus palabras Gran Duque Albino. Y esperamos
    esa obra tuya.

  • #3

    El Duque Albino (miércoles, 20 mayo 2009 19:36)

    Hago mías las palabras de Kharvatos. Me encanta la prosa de este relato y el ritmo épico de la narración. Es fantástico. A mí también me apasiona el género de espada y brujería, aunque no haya podido mandaros ningún relato de dicho género, porque lo que estoy haciendo es escribir una novela; la cual, espero algún día poder ofreceros para contéis vuestras impresiones. Ah, y me uno a Tyndalos en lo que respecta a la magia de las ilustraciones que eliges para acompañar los relatos, Kharvatos. Dudo que yo tuviera tan buen tino.

  • #2

    Tyndalos (lunes, 18 mayo 2009 22:57)

    Gracias, Maestro Kharvatos. También me gusta la magia con que sabes elegir las ilustraciones de los relatos.

  • #1

    Kharvatos (lunes, 18 mayo 2009 17:45)

    Me ha encantado este relato maestro Tyndalos. Sobre todo su estilo. En breves líneas has sabido plasmar a la perfección la esencia de las antiguas sagas nórdicas. Mis más entusiastas felicitaciones, pues siento debilidad por este tipo de historias.