* LA HISTORIA DE FIGGER (por Tyndalos)

l barco entró majestuoso en el fiordo. Los cuernos de las aldeas le saludaban con alborozo: “¡Figger ya está aquí!” Los muchachos se acercaban a la orilla y daban grandes saltos. Las chicas lanzaban sus risas al aire. Incluso los ancianos del Consejo, siempre graves, se miraban risueños los unos a los otros. Pero algo iba mal. La vela venía con grandes jirones. El enorme dragón de la proa parecía mutilado. Solamente la guerra y la furia de las tempestades habían podido traer aquellas cicatrices. Bierdehn contó los remos. Apenas la mitad sobresalían del casco hundiendo sus palas en el mar.

-Figger ha sobrevivido, pero pocos de los suyos han podido hacerlo.

Fricka ensombreció también su rostro. Sabía que la flota había tomado rumbo al sur, a costas extrañas. Hasta entonces, todas las expediciones emprendidas en esa dirección, desde los tiempos de su bisabuelo Hjmal habían cosechado éxitos. Pero esta vez los dioses no quisieron dar todo su favor a la gente de Figger.

-          Y solo vuelve un barco.

Seis naves cóncavas habían partido la pasada primavera. La flor de las aldeas de los fiordos de Kjulmar. Seis naves negras con dragones orgullosos en la vela cuadrada. Seis dragones marinos impulsados por remos y brazos recios como los miembros de los viejos héroes, aquellos que un día los dioses habían concedido dones impensables a un mortal. Y tan solo la nave de Figger regresaba en medio de un mar vinoso y agitado, preanuncio de tormenta y males mayores.

Al desembarcar, Figger hundió su espada en la arena y la poca tropa que traía consigo se dejó caer en brazos de esposas y padres afligidos. Muchos traían heridas severas en el cuerpo, pero lo que más ensombrecía la escena era la unánime tristeza de sus rostros.  Figger besó a Fricka, su esposa, y a Bierdehn, su primogénito.

-          Los extranjeros del sur han ofrecido mucha resistencia. En el cabo de la “Mala Piedra” [i] una tropa aguerrida nos hizo frente. Impedidos de tomar botín y rehenes, huimos hacia Occidente.

 

Figger bebió de un gran cuerno que su hija Heddi le alcanzó. El caudillo de héroes prosiguió su trágica narración.

-          Un tanto diezmados, nos internamos en aquel terrible mar, próximo a pueblos semejantes a los nuestros, amantes de la guerra y fieros con el hacha, aunque poco dados a hacerse a la mar. Sabíamos de las grandes riquezas que nos aguardarían más al sur, en tierras de los moros. Pues nuestros abuelos habían asolado aquellos países de moros alabando siempre las grandes riquezas de sus ciudades, mucho mayores que las de los norteños. Pero la tempestad nos desorientó, llevando nuestros barcos hacia una región del mar enteramente desconocida: era un mar de algas y lleno de monstruos.

El anciano Gundridh le apremió entonces:

-          Por Wotan y por todos los felices que habitan en el Wallhala: di qué criaturas eran.

 

-          Verdes dragones surgían de las olas- respondió Figger- cabezas que escupían fuego, ojos como soles malvados… Nadie ha visto tamañas criaturas en el mar…

 

“Pero fue una de ellas la que más daño ocasionó a la flota. Una gigantesca criatura marina, de muchos tentáculos y ojos, y entre los ojos, ventosas, como las que poseen los pulpos. Un ser horripilante que deshizo muchos barcos como si fueran juguetes de niño, lanzándolos contra los sargazos y hendiendo aguijones temibles en sus quillas. Y los pechos de mis guerreros reventaban, ora por el impacto de astillas, ora por los aguijones o los golpes. Y quienes caían por la borda, al punto eran devorados por no sé qué extrañas bocas que surgían de la superficie verdosa de aquel mar de sargazos”.

 

“Yo mismo caí al agua y entre asquerosas prolongaciones de algas pútridas hube de nadar hasta que unos maderos flotantes me sirvieron de asidero. Y desde aquella precaria plataforma, con las piernas hundidas en un agua que más parecía un caldo hecho con muertos descompuestos, observé fijamente a los monstruos en acción”.

 

“Todos ellos parecían obedientes a una cosa grande y luminosa que se alzaba en el cielo. Una bola de luces resplandecientes. Más poderosas que un sol, cada una de ellas enviaba relámpagos a los dragones marinos, y éstos actuaban concertadamente a sus mandatos, pues no me cabía duda al respecto: la cosa de metal y fuego que flotaba en el aire era dueña y señora de la voluntad de los monstruos. Y alguna orden o motivo que se escapó a mi comprensión hizo que mi navío y parte de mis hombres sobrevivieran a la catástrofe. Pues con prisas y agilidad, tras unos rayos que les llegaron, las criaturas se sumergieron bajo el mar de fango y algas, y la bola de plata, acero y luz se remontó sobre los aires y se perdió en el firmamento, como si de un carro de dioses se tratara. Libre de peligro, no me fue difícil anunciar después mi presencia a los del barco a voz en grito. En poco tiempo pude subirme a bordo y reunirme con mi gente”.

 

“Si todo esto fue obra de los dioses, o designio de los demonios, yo no lo sé. Pero Figger, el Hacha Veloz, ya no desea hacerse a la mar nunca más. Desea sembrar sus campos, cuidar de sus vacas, preñar a su mujer, llenar los graneros y beber cerveza al atardecer. Figger ha visto cosas terribles y teme mucho por su razón”.

 

 

El anciano Gundridh que le escuchaba, así como los demás presentes, decidieron dejar a Figger con los suyos. Los demás guerreros del Hacha Veloz contaron su propia historia a sus mujeres, ancianos e hijos. Y esa historia también les quitó el sueño durante algún tiempo. Lo que esconden los cielos y las profundidades del océano es materia desconocida para los propios dioses.

 

Y, muy cerca de las aldeas y bañando sus puertos, el mar vinoso y hostil les recordaba siempre sus misterios.



[i] Así conocían los “hombres del norte” el actual Cabo Peñas, en el Reino Asturiano o quizá el Cerro de Santa Catalina, en la ciudad asturiana de Xixón. Parece que los hechos relatados sucedieron en tiempos del rey Ramiro, monarca asturiano que repelió exitosamente a los normandos.

 

Tyndalos

Comentarios: 2
  • #2

    Tyndalos (miércoles, 15 diciembre 2010 21:52)

    Gracias, Gran Conductor del Umbral. El mundo se vuelve hoy en día cada vez más prosaico, más vulgar. Las sagas nos recuerdan lo que fuimos. Y también, que hay más cosas que no vemos. Que el Mundo es misterio.

  • #1

    Kharvatos (miércoles, 15 diciembre 2010 14:56)

    Precioso relato maese Tyndalos. El sabor de las antiguas sagas vikingas queda perfectamente reflejado en él. No se debería perder nunca ese gusto por la leyenda. Felicidades.