* LA FRAGILIDAD DEL SER (por El Duque Albino)

Halla el cuerpo, encuentra el camino.”

Anónimo

 

añen campanas dentro de mi cabeza. DONG-DONG, DONG-DONG. No bromeo, en serio. Es insufrible. Creo que seré incapaz de soportarlo durante mucho más tiempo. DONG-DONG, DONG-DONG. Mi cuerpo se estremece y contorsiona al son que éstas le dictan. DONG-DONG, DONG-DONG. Estoy en un sitio que me recuerda remotamente a otro lugar donde una vez creí estar, pero donde probablemente nunca estuve. DONG-DONG, DONG-DONG. El estruendo es ensordecedor. Mi mente permanece varada en un sempiterno mar de dudas. DONG-DONG, DONG-DONG. Mis nervios se crispan a pesar de que trato de hacer oídos sordos, de ignorar su irritante presencia. DONG-DONG, DONG-DONG. Desconecto del ser sensible y me refugio en el abstracto. Quiebro las estructuras cognitivas que organizan mi frustrante razonar. Tal vez, así logre acallar las campanas. Necesito silencio para poder recurrir a la reflexión. De pronto, ya no las siento. Mi corporalidad se precipita lejos del alma, llevándose consigo la racionalidad. DONG- DONG, DONG-DONG. Es inútil, las campanas siguen ahí, tocando tan fuerte como antes, incesantes, inmisericordes. No puedo dejar de oírlas. DONG-DONG, DONG-DONG. En un instante, la negrura que lo inundaba todo se desgarra por la adulterada nitidez de una imagen que, a pesar de no comprender, duele. DONG-DONG, DONG-DONG. Una mujer arrodillada, o más bien la silueta de mujer arrodillada. DONG-DONG, DONG-DONG. No está dentro de mi ángulo de visión, pero sé, con absoluta certeza, que ella sostiene y acuna algo en su regazo; algo flácido, algo muerto. DONG-DONG, DONG-DONG. Huele a asfalto mojado. DONG-DONG, DONG-DONG. La mujer se retuerce bajo un monzón, recortado su contorno por una especie de aura amarilla que somete la luz y silencia la identidad. Aunque tampoco puedo verlo, sé que la mujer está llorando. DONG-DONG, DONG-DONG. ¿Tañen campanas dentro mi cabeza? Por un momento parece que hayan callado. DONG-DONG, DONG-DONG. Espera... ¿Qué es eso? dONG-DONG, DONG-DONG. Estaba equivocado, las campanas siguen ahí. DONG-DONG, DONG-DONG. Nunca han dejado de tañer. DONG-DONG, DONG-DONG. Siempre han estado ahí. Aunque suenan más lejanas, como si un obstáculo anónimo se hubiese interpuesto en su trayectoria. DONG-DONG, DONG-DONG. Soy incapaz de proporcionarle coherencia a la imagen que se extienden ante mis ojos sin cuerpo; fauces infinitas de enloquecedor realismo. DONG-DONG, DONG-DONG. Nada es como debería ser. Las preguntas brotan a borbotones de lo más profundo del subconsciente y se precipitan en medio de una retórica forzada. La visión de la mujer, despierta en mí, tanto dolor como amor. DONG-DONG, DONG-DONG. Me cuesta pensar con claridad. DONG-DONG, DONG-DONG. El hedor de la sangre embota mi cerebro. DONG-DONG. No sé si me da más miedo que la sangre mane de mí o de otro. DONG-DONG, DONG-DONG. Intento recordar quién soy, para concluir dónde estoy. ¡Oh, dios mío! Alfileres helados se clavan en mis centros nerviosos. Comienzo a sentir frío de verdad, intenso, amortajante. Grito con la voz de mil crías nacidas de la desesperación. DONG-DONG, DONG-DONG. No puedo atribuir un nombre a la cara que, durante un instante, se refleja en la superficie de un espejo retrovisor antes de que éste se haga añicos. DONG-DONG, DONG-DONG. Miro otra vez hacia la silueta de la mujer, buscando un rostro familiar. Quiero aguantar la mirada, mantenerla el tiempo suficiente como para desvelar la verdad que se esconde tras las sombras. Pero no puedo, maldita sea; no puedo. Duele tanto, que desvío la mirada. DONG-DONG, DONG-DONG. No estoy seguro de nada. Las cosas pasan demasiado deprisa. DONG-DONG, DONG-DONG. Juraría que la mujer me está hablando, o gritando, o haciendo ninguna de las dos cosas. DONG-DONG, DONG-DONG. Huele a mar… ¿a mar? Un sin fin de colores estallan en mi cabeza. Lo que sea que había estado apaciguando el tañido de las campanas, se resquebraja. La imagen de la mujer desaparece como si nunca hubiera existido. DONG-DONG, DONG-DONG. Me pregunto dónde han ido a parar las cosas. Todo está tan vacío ahora… tan desolado. DONG-DONG, DONG-DONG. Ya no siento frío. De hecho, no siento nada. Nada en absoluto. DONG-DONG, DONG-DONG. Tomo conciencia de que jamás callaran. Es imposible aplacar su furia. DONG-DONG, DONG-DONG. De algún modo, están ligadas a mí. ¿O yo, a ellas? Así que me digo qué a la mierda. ¡Qué suenen, si tienen que sonar! DONG-DONG, DONG-DONG. Ya no me molestan. DONG-DONG, DONG-DONG. Vuelvo a recordad que he debido olvidar quién soy y me planteó la posibilidad de que nunca haya sido. Si no encuentro una pelota de tenis que botar, sé que moriré. ¿No sé a qué ha venido eso? Mi voluntad se doblega, poco a poco. Un carrusel de feria inicia un viaje que no conduce a ninguna parte. Un estanque nada en un pato; ¿o es un pato, el que nada en un estanque? Deliro como si mi existencia hubiera estado siempre condenada a penetrar en los sueños de un demente. Salvo que nunca he dormido; o al menos, jamás he dormido en paz. DONG-DONG, DONG-DONG. El mundo se encoge y se hace una pelota de papel. Digo cosas sin sentido. Balbuceos inconexos de retorcida coherencia. La tinta de color negruzco ensucia el suelo. Contemplo atónito como la piel huye despavorida del conejo que, vuelto del revés, se aleja hacia un infinito pintado en alguna idílica pared de hormigón. DONG-DONG, DONG-DONG. Qué hay de esa pelota de tenis. Silencio. ¿Alguien ha dicho algo? Trato de aferrarme a una barandilla inexistente. Demasiada información. La lucidez no me da tregua y me golpea como un animal desbocado. Caigo sin la necesidad de que mis pies estén por encima de mi cabeza. DONG-DONG, DONG-DONG. Una espiral de conceptos confunde disfraces propios con ajenos, y viceversa. Necesito un respiro. Busco la manera de comprender. DONG-DONG, DONG-DONG. Un firmamento lleno de estrellas muere ensartado por una plancha metálica que, en lugar de entrar, sale. DONG-DONG, DONG-DONG. Huele como a antiséptico. Algo tira de mí hacia arriba. Mamá, dónde estás. No quiero ir, me niego. DONG-DONG, DONG-DONG. Apesta a carne quemada. La mente se desprende un instante de la corporalidad. Dura un parpadeo, pero la sensación de libertad es tan embriagadora, tan maravillosamente atractiva que, inmediatamente, dejo de luchar y decido ascender por mí mismo. DONG-DONG, DONG-DONG. De algún modo, sé que, una vez comience la ascensión, no habrá vuelta atrás. No me preocupa regresar; ya no. Subo por una escalera y veo a una bellísima mujer, que me inspira amor, en lo alto, aguardando mi llegada. No dice nada, no hace falta. DONG-DONG, DONG-DONG. El hedor a quemado va difuminándose, a cada paso, como si quedara atrás. DONG-DONG, DONG-DONG. Una vez soñé con un caballo que tenía la cabeza de un sapo y filosofaba acerca del Eros. DONG-DONG, DONG-DONG. Un sol enorme me impide ver los rostros de las figuras que se apiñan y hurgan dentro de mí, ¿dentro de mí? DONG-DONG, DONG-DONG. Un niño, que deseo que sea otro y no yo, arranca las antenas de una hormiga roja, y otra negra, y mira como se destrozan entre sí, hasta que una de las dos deja de moverse. DONG,-DONG, DONG-DONG. Las olas cargan contra el hombre desnudo que se aleja de la orilla con la esperanza de que todos le dejen por fin en paz. DONG-DONG, DONG-DONG. Los reflejos de un papel satinado tiemblan con los primero espasmos de un cuerpo que se hace mayor demasiado pronto. DONG-DONG, DONG-DONG. Un vestido de fina tela cae a los pies de un asustado muchacho; quien sabe que ya no habrá vuelta atrás. DONG-DONG, DONG-DONG. Miro por encima del hombro y veo un quirófano. No sé quién está en la camilla. Sólo puedo ver la multitud que se agolpa entorno a ella. Me fijo con atención, y creo distinguir las plantas de los pies y una cicatriz dolorosamente familiar. DONG-DONG, DONG-DONG. Aparto la mirada. El desconcierto me invade. Quizá sería mejor regresar. DONG-DONG, DONG-DONG. Sólo con ver a la mujer que me aguarda en lo más alto, cualquier asomo de inquietud desaparece. Por primera vez en mi vida, me siento en calma conmigo mismo. Sigo ascendiendo. Peldaño a peldaño. DONG-DONG, DONG-DONG. Un anciano me mira desde el otro lado del espejo y, a pesar de que nunca llegará a ser, no hallo rencor alguno en aquellos ojos venosos y hundidos. DONG-DONG, DONG-DONG. Por fin puedo ver lo que se extiende más allá de la mujer, más allá del final de las escaleras, más allá del final de todo. DONG-DONG, DONG-DONG. Una luz infinita baña mi ser. DONG-DONG, DONG-DONG, DONG-DONG, DONG-DONG, DONG-DONG, DONG, DONG, DONG, DONG…

Silencio y paz ¿Puede haber algo más hermoso?

 

El Duque Albino

COMENTARIOS

Comentarios: 3
  • #3

    El Duque Albino (domingo, 03 mayo 2009 19:36)

    Tyndalos tús conclusiones respecto a la trama suelen ser muy acertadas... pero no voy a enseñar el conejo dentro de la chistera. Tú tampoco lo haces, y por eso me gustan tanto tus relatos.
    Me alegra muchísimo, Kharvatos, que mi relato tuviera ese efecto en ti durante la transcrición; se agradece saberlo. Y por supuesto, gracias, por dejarme colaborar en este espacio literario. No sabes hasta que punto me ilusiona ver mis relatos reproducidos y compartir mi pasión por contar hitorias con gente como vosotros.
    Lo dicho, gracias a ambos. Realmente admiro mucho vuestra manera de escribir. Ya he leído casi todos los relatos que habéis publicado aquí. Y por eso mismo, me resulta muy satisfactorio recibir vuestros elogios.
    Ojalá, con el tiempo, pudieramos leernos todos en las páginas impresas de un libro.

  • #2

    Kharvatos (viernes, 01 mayo 2009)

    He de decir que la transcripción del relato fue realmente agobiante. En un momento dado llegué a sentirme como el protagonista de la novela. El "Dong, Dong" estuvo un buen rato en mi cabeza. De ahí que no me quedó mas remedio que resumir la historia como "Tormento cacofónico". Enhorabuena Duque. Conseguisteis lo que os proponiais y eso para un autor lo es todo.

  • #1

    Tyndalos (jueves, 30 abril 2009 19:17)

    Leído, Duque Albino. Es muy vanguardista. Ese Dong-Dong
    consigue ponerle a uno nervioso. ¿Se trata de un trayecto
    hacia la Muerte, no? ¿el túnel final? Bueno, si no quieres
    no digas nada. Excelente en cualquier caso.