* GANANCIA II (por Tyndalos)

ue milagroso. En un descuido, golpeé a uno de los científicos de bata blanca que me bloqueaba el paso. Con una señal, avisé a las chicas, que me siguieron al instante. Bajamos rápido por unos escalones angostos. A nuestras espaldas se agitaban, confusos, nuestros amos. Los ladridos de fieras caninas también se hicieron presentes. Eran terribles, feroces. Las alimañas parecíamos nosotros. Tres seres humanos desnudos, desarmados, huyendo como ratas bajo la tierra, perseguidos por bestias entrenadas en la caza humana.

 

Pero fuimos más veloces que los amos y los perros. Descendimos sin parar hasta un laberinto de criptas inexplicable. Tomé al azar una de las galerías, y las dos chicas también lo hicieron. Confiaban en mí. Allí, el túnel se hizo muy oscuro y soporífero. El calor aumentaba por momentos, y ya no se percibía el eco de las voces ni los ladridos de los perros. Nada venía de nuestras espaldas. El mundo, allá arriba, había dejado de existir. Al menos el mundo en el sentido humano. Las Grandes Corporaciones habían decretado el fin de la Humanidad. La esclavitud universal era la decisión final para la salvación del Sistema. El Sistema y su perpetuación; eso lo justificaba todo. No sabía por qué huía. Ignoraba cómo gente tan poderosa nos había permitido escapar. Pero las preguntas cesaron. Había más enigmas.

 

Al llegar a la cripta más abierta pudimos contemplar el Horror mismo.

 

Allí yacían, reptaban, se arremolinaban miles de seres humanos como nosotros. Gritos, lloros, aullidos llenos de histeria. La locura generalizada habitaba entre ellos. Sus cuerpos desnudos y desnutridos se postraban en torno a una mole inmensa. Una especie de esfera con una superficie oscura y ondulante, llena de burbujas y ojos, palpos y tentáculos… ella era la divinidad de todas aquellas gentes.

 

Tratando de asimilar toda aquella aberración, los tres nos quedamos como extáticos ante la escena. No fue sino al cabo de un tiempo incalculable cuando vimos, ya sin esperanza alguna, a los guardianes y sus perros a nuestras espaldas. El Doctor Silmour y otros jefes también habían bajado. Se rieron a carcajadas y nos sometieron a un trato humillante y obsceno. Después señalaron a la Entidad que, por momentos, parecía succionar a seres humanos, cuando no los aplastaba o devoraba como si fueran gusanos.

 

-Es vuestro turno. La Deidad tiene hambre y deseo. La historia del Sistema desde hace siglos se explica por Ella. Accedamos.

 

Y nos empujaron hacia la masa humana. Pronto seríamos parte del Ser Divino. Sus fauces nos aniquilarán pronto.

 

(Continuará...)

 

Tyndalos

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