* ELLA (por Tyndalos)

n medio del frío viento, vino ella. Su cuerpo desnudo y ensangrentado mostraba los tormentos del pasado, aquel hórrido pasado en compañía de Él.

 

La casa del acantilado la esperaba. La vieja casa, con las ventanas abiertas de par en par, y los vidrios rotos. Las tejas formaban arriba una barahúnda, como si mil trasgos trastearan sobre el techo. Las contrapuertas golpeaban los marcos de madera una y otra vez. La casa ruidosa, la casa siempre llena de fantasmas. El  hogar de madera donde se incubaron los demonios. Palizas, muertes, abusos.

 

De esa casa salió ella hace…creo que hace mil años ya. Se fue con Él, al que tuvo por un dios. Pero Él era la Bestia, era el reverso. La Bestia se hizo su dueña y señora. Ella se rindió como esclava, y como esclava pudo ver las hogueras del Infierno.

 

Llegaba ella con paso quedo. Siempre, siempre, esa mirada salvaje. Siempre, esos ojos verdes y tristes que te arrastran y llevan a donde ella quisiera llevarte. Tristeza de quien se había pasado la vida huyendo de la locura y de las violaciones.

 

Sola, como un animal salvaje, un ser delgado, hambriento. Caminando llena de barro y heridas de sangre. A veces se arrastraba por el suelo, bajo los truenos.

 

Y yo en mi silla de ruedas. Yo, el mutilado, el único hombre que alguna vez la había amado.

 

Sentí una excitación enorme, como en los viejos tiempos, cuando no era un inválido y ninguna parte de mi cuerpo era echada en falta. Se trataba de un deseo cerebral enorme. Verla así, tan desvalida, delgada, rubia, pura naturaleza eternamente vejada…

 

Pero cuando estuvo ya a unos metros del porche, apenas a unos pasos de donde yo la aguardaba, algo nuevo pude observar en su rostro. Los ojos verdes no eran tan tristes y apetecibles como antaño.

 

Eran los ojos de Él, de la Bestia.

 

Eran ojos fieros de su amo y eterno poseedor. Eran ojos animales de un ser que trascendía lo animal.

 

Y desprendían fuego. Odio, rencor, furia. Eran ojos de Maldad absoluta y sustancial.

 

La esperé indefenso. Mejor dicho, me entregué a la Bestia. Después, yo ya no fui nada.

 

Nada.

 

Tyndalos

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