* EL MÉTODO BAUER (por Tyndalos)

l método de Bauer era prodigioso. Su terapia centrada en las regresiones permitía al paciente volver atrás, muy atrás en el tiempo psíquico. Allí uno podía enfrentarse con los elementos disgregados o inadaptados de la propia personalidad, y hacerles frente. La curación completa involucraba con cierta frecuencia una exigencia: exterminarlos. El método de Bauer implicaba, además, el poder de visualización de los complejos, los residuos y las facetas no deseadas de nuestro ser más profundo. Como por arte de magia, todo este material aparecía personificado, dotado de cuerpo, con rostro… no siempre con forma humana. En ocasiones, el paciente debía visualizar seres espantosos, pues son muy habituales estas criaturas en nuestro Inconsciente.

 

Comencé el viaje. Quería someterme a la terapia del Dr. Bauer y terminar para siempre con mi neurosis. Las primeras visualizaciones me eran familiares. Eran, sin más, otros aspectos de mi yo que siempre había tratado de rechazar pero de cuya existencia yo estaba seguro. Después vinieron imágenes de seres más profundos, más ocultos. En parte me reconocía yo en ellos, en parte no. a medida que me sumergía en los estratos más hondos, empecé a ver aquellas entidades.

 

“¡Vete!”, parecían decirme mientras cometía toda índole de atrocidades obscenas. “¡Fisgón, como no te vayas te haremos desaparecer!”

 

Pero era preciso permanecer, observar, llevar el Método de Bauer hasta sus últimas consecuencias.

 

En aquella como gruta oscura, los entes del Inconsciente devoraban unas vísceras repulsivas. Yo diría que se trataba de las entrañas de un dragón policéfalo, o algo semejante. Sus ojos amarillos, brillantes como faros, enfocaron los haces hacia mi. Quedé deslumbrado por ellos, y ellos no tardaron en rodearme. Había entes del Inconsciente, diablos que eran parte mía, por todas partes, y yo no podía huir. No, no había escapada posible.

 

Una de aquellas cosas –sucia, peluda, supurante- se me acercó hasta que pude oler su aliento fétido ¡Dios, era en cierto modo semejante a mi mismo!

 

“Ven…ven con nosotros” Con sus pensamientos, ellos me hablaban e inducían en mi mente nuevos pensamientos. Sentí nauseas pero al tiempo sentí una enorme atracción. Tuve enormes deseos de entregarme, de ser su festín, de abandonar mi yo, mi individualidad, mi condición de ser digno y diferenciado. Quise ser “ellos”. Quise vivir en aquella inmunda, pero cómoda y despreocupada, felicidad de canibalismo, lujuria e indefinición.

 

Sus zarpas ya acariciaban mi cuerpo, mi rostro, mi piel. Sus bocas gélidas y malolientes succionaban aquí y allá. Los dedos, largos, blandos y sebosos recorrían todo lo que de humano había en mí. Y en el alma entraban ya a raudales.

 

Era horrible…Y al mismo tiempo ¡tan dulce!

 

Pero lo definitivo, el dato más brutal y enloquecedor vino luego.

 

Vino al despertar de mi sesión de visualizaciones regresivas.

 

Al abrir los ojos me encontraba, en efecto, ya lejos de la gruta oscura, en la funcional consulta del Doctor Nehemía R. Bauer. Pero lo que pude ver sentado en su sillón, frente al diván donde yo me tendía, no era el pelo cano, la sonrisa amable y las gafas gruesas del psiquiatra.

 

Era uno de ellos, con la boca abierta y los ojos encendidos, exhibiendo una mueca indescriptible de éxtasis y delectación. Era uno de ellos que, Dios sabía cómo, había logrado traspasar en sentido inverso las barreras que separan el tiempo regresivo. Desde las profundidades, había trascendido al mundo real.

 

¿Real?

 

“Ya eres mía” –dijo el ente.

 

Vivo encerrada para siempre en la Clínica Bauer para la Salud Mental. Me diagnosticaron una psicosis aguda. Me someten a electro-shock y a otras técnicas convencionales. Con sus regresiones programadas, el monstruoso Dr. Bauer y su (mi) tropa de demonios, me somete a continuas torturas y violaciones.

 

No tengo esperanzas, pero escribo este mensaje por si tu eres el príncipe que me puede rescatar.

 

Tyndalos

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