* EL EXPERIMENTO (por Tyndalos)

stá Vd. Seguro de que aparecerá?

--Tan seguro como que yo me encuentro a su lado.

--Pero…pero ¿es posible que existan?

--Todo es posible si persiste la fe, amigo mío, la fe.

Era ya de noche. Una cortina de agua tras los cristales. Unas nubes muy negras que amenazaban con anegar el mundo con su castigo celeste. Un cielo que más bien parecía la bóveda de los avernos. En ese ambiente se sentaban Sir Alfred y el profesor Petersen. Este extranjero escuchaba atónico las teorías de su anfitrión, escocés y místico para mayor contradicción. El castillo de Sir Alfred era el entorno ideal para emprender el experimento.

--No, no creo que funcione. Los seres materiales se alojan aquí, en el universo físico. Las cosas del espíritu  tienden, por el contrario, a emigrar a su mundo propio, quiero decir…

Sir Alfred reía mordisqueando su pipa:

--Profesor Petersen, déjese de cháchara. Lo que Vd. Llama “universo” es tan solo una analogía del Espíritu, no lo olvide. Nada de cuanto puede ver ante Vd.  es material, hablando estrictamente. Todo es, sencillamente, un pensamiento de Dios que discurre eternamente hasta el Caos.

Petersen sudaba, y tras un trueno demasiado cercano exclamó:

--¡No, no! Me niego a creer que el Caos sea el verdadero creador de Dios.

--Vamos a comprobarlo ahora mismo, Petersen, no se apure.

A fin de cuentas, el Dr. Klaus Petersen había cruzado el Canal para visitar al noble escocés. Su Metafísica Experimental había derivado desde el positivismo más estricto hasta una concepción mística y panteísta de la Naturaleza. La correspondencia con Sir Alfred había culminado en esta visita. El objeto de la misma no era otro que realizar el experimento.

--Ya se acerca- El burlón rostro rojizo de Sir Alfred demudó. La palidez lo anunciaba.

--¿Está…está…a-quí?

La luz de las velas se apagó con una corriente de aire. La furia de la lluvia exterior arreciaba. Sir Alfred sacó su revólver. De las sombras surgió Abbot, el mayordomo.

--Reúnase con nosotros, Abbot, si experimenta temor. ¿Estamos solos, verdad? –Preguntó su amo.

-Completamente, señor.

Y el Caos entró.

Los tres hombres le vieron frente a frente.

--¡Fe!¡Más fe! –gritó sir Alfred.

Y los tres rezaron a su Dios con toda la energía que fueron capaces.

 

Tyndalos

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