* EL AMOR EN LA FRÍA MUERTE (por Tyndalos)

ace mucho tiempo que la esperaba. Pero nunca llegaba. Tengo las violetas marchitas, y mis arrugas ya surcan el rostro. Éramos muy jóvenes cuando nos conocimos. Pero todo un universo se vino abajo, y la vida naufragó. Yo me quedé para siempre en la misma esquina. Una esquina húmeda, en una ciudad lluviosa, llena de maldad y miseria. Habíamos quedado a las cuatro. Ella se retrasó. Desde la esquina veía como discurría el mundo. Gente que va, gente que viene. Los coches que te salpican al pasar. El autobús municipal, siempre cargado de cuerpos serios y ventanas que chorrean vapor. Y mis pensamientos siempre los mismos:

“No viene. Ella no viene, y creo que voy a enloquecer. ¿Cuántos años hace que llevo aquí, parado en esta esquina? Lo peor de todo es que la gente pasa a mi lado y no se percata de que sigo aquí, que estoy en el mundo. Prefiero seguir pensando que mi mundo es el mismo que el suyo. Pero me atraviesan al pasar. Algunos se orinan encima de mis zapatos. Los perros del barrio vienen aquí y no se inmutan. Me riegan con su sucio orín. No existo para el mundo. Y yo no lo puedo soportar. A veces creo que me he convertido en fantasma. Y que la frecuencia en que aparezco es válida tan solo para algunos seres.”

Todo fue porque ella se retrasó. O me dio plantón. Y unos tipos que quisieron robarme la cartera me rajaron de arriba abajo. No debí ponerme tan hostil. Me he muerto, quizás. La diferencia entre estar vivo y ser un espectro es bien poca. Consiste en ver la vida transcurrir y convertirte en un elemento invisible de la naturaleza, de la calle, de la nada. No existes para nadie. Pero aquella tarde…

Era una tarde como las millones de tardes de esta jodida ciudad lluviosa. Ya comenzaba a chispear. Me daba igual. Las mismas caras, los mismos perros, las palomas cojas y sucias que escarban entre los excrementos… ¡Pero ella apareció! ¡Ella! Años esperando este momento: ella, e-ll-a… Y me vio. Claro que me vio. Pero no corrió a mis brazos. No me lanzó un beso. Nada. Su rostro quedó por completo desencajado. Su rostro fue el espejo del terror mismo. La visión que le ofrecí estuvo a punto de hacerla enloquecer. No pude oír sus gritos. Ella debía estar en otra frecuencia, quizá. Incluso la visión me era defectuosa, no como la de los vivos. Pero ella no, ella había pasado por allí ya muerta, quizás haciendo memoria. Se dice que los muertos vuelven una y otra vez sobre los lugares por los que un día pasaron y dejaron huella emocional. Hay toda una eternidad para ello. Se dice también que los muertos nos alimentamos de imágenes.
Lo siento cariño, pero es mi obligación hacerte esto. Ya sé, ya sé que debo parecer un horrible gul, un dragón, una boca inmensa llena de nada, y ansiosa de tenerte. El amor dentro de la fría muerte es así. Así. Así.

Tyndalos

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