* EL ÚLTIMO (por Tyndalos)

oy a tomar una decisión. Ya no queda ninguno de los míos. Lo voy a hacer. La vergüenza no existe allí donde no queda nada de humanidad. Voy a gritar. Muy alto. Me miro a mí mismo y ¿qué soy? Apenas una alimaña. He comido carne de los de mi especie. A veces caliente, recién cazada. No entiendo nada de lo que está pasando en el mundo. Un día vinieron esos gusanos. Comenzaron a instalarse por todas partes, a poner sus huevas repelentes. A mí y a los míos nos salían por la nariz. Eran una maldición venida, según decían, de una chatarra espacial, quizás de un meteorito.

 

Ahora el sol se pone y es mi hora. La hora de lanzar los aullidos. Disfruto haciéndolo, ahora que nadie en el planeta puede oírme. La temperatura ha subido tras la explosión de pseudovida que trajeron esos gusanos. Poseen tres, cuatro, docenas de ojos. No hay dos iguales. Algunos son iridiscentes, otros parecen de oro, y los hay que hablan como si fueran humanos, aunque únicamente se trata de una memoria proteínica obtenida a partir del alimento ingerido. He mantenido relaciones con esas bestias. Parte de mi memoria proteínica debe andar por ahí, pululando. Quizá un gusano invasor se dedica, ahora, en este mismo instante, a pensar exactamente lo mismo que yo estoy pensando. Su capacidad de imitación consiste únicamente en replicar moléculas con fidelidad pasmosa. Pero no son estables. Al final vuelve su configuración agusanada y se dedican a engullirse infinitamente los unos a los otros. Este mundo es una sopa orgánica de larvas caníbales. Ya no quedan personas. Estoy yo… y están ellos. Y nada más.

 

He aquí la decisión: inmolarme. Vienen, entran por la puerta. Con hambre, con ansia. Recorren mis piernas hacia arriba. Uno, enorme, me mira con delectación. Me voy. La vida se me va, por mejor decir. Arrancan mis orejas a grandes mordiscos. Ya he perdido un ojo. Y la lengua… Han forzado la entrada en mi boca y se ceban con mi lengua. Se me corta el aire al respirar. Están atravesados en la cavidad. Muchos se le unen desde los ojos, las fosas nasales y las orejas.

 

Al fin. Ya está. Soy uno de ellos. La humanidad puede pasar a la historia.

 

Tyndalos

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