* ¡DENTRO! (por Tyndalos)

stán llamando a la puerta.

 

No es posible. El mensaje era claro, tan diáfano como la luz del día: en la zona contaminada solamente vas a estar tú. Hay varios perímetros de seguridad, círculos concéntricos controlados por la Seguridad Cívica y el ejército. Nadie puede franquear esas barreras. Nadie ha sobrevivido al escape de la Central.

 

Pero están llamando. Y con insistencia.

 

No es posible. Ningún bicho viviente puede haber sobrevivido a toda esa radiación. Y la llamarada inicial... Fue espantoso, no va a haber vida en millones en esta región durante miles de años. Mi cáncer terminal me animó a prestarme voluntario. Yo voy a “cerrar el grifo” del escape. Yo he asumido mi muerte. Qué importa toda esa radiación…

 

Pero ¿quién diablos llama a la puerta?

 

No me atrevo a abrir. Yo, que no tengo miedo a la muerte, que ya estoy muerto en cierto sentido, tengo miedo a esos nudillos golpeados contra el acero. No debe haber humanos en cien kilómetros a la redonda.

 

Y sin embargo, llaman.

 

Sí, llaman. Es estúpido. Pero pienso que quizá sea Dios. Un dios o un demonio. Nunca estamos completamente solos. No es bueno que el hombre esté solo.

 

Me decido a abrir.

 

Esa luz. Me llega esa luz cegadora. Soy tuyo, voy a ti. La ráfaga nuclear y toda esa radiación espantosa… ¡todo está dentro de mi!

 

¡Dentro!

 

Tyndalos

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