* CUERPO Y ALMA (por Tyndalos)

ste era el momento. El instante más feliz de mi vida. Me había pasado la vida esperándolo. Ya era mío. Me refiero a su espíritu. Estaba aquí, ante mis ojos. Era un tenue vapor. Muy suave, muy ligero. No más que la brisa fresca de primavera. Esa misma brisa que una vez nos acarició.

 

La quería. Pero algo vino a mí. Algo de dentro. Una voz, una orden. Fue todo muy fugaz: “¡Destrúyela!”.

 

Su linda cabeza se aplastó contra la roca justo en el momento en que el amor triunfaba. Allí quedó su cuerpo desnudo, orlado por el charco de sangre. ¡Estaba tan bella!

 

En ese trance, el pequeño vapor de su espíritu huía del cuerpo convertido por mi acción en simple cadáver. Metí su alma hermosa en el frasco. Y la voz dentro de mí volvía a dictar sus órdenes: “¡No te lo quedes!”

 

Pero triunfó mi egoísmo. Toda la vida obedeciendo a los dioses y yo siempre con las manos vacías. El espíritu de la chica iba a ser mío, mío para siempre.

 

Emprendí la huída. Descalzo y desnudo, entre las zarzas. Allí estaba el monte repleto de cadáveres. Otros Cazadores de Espíritus habían cometido sus crímenes. Bueno, en realidad se limitaban a cumplir las órdenes de los dioses. Eran taxativas: destruyes los cuerpos y nos entregas sus espíritus. Desde su aterrizaje en grandes naves cóncavas, los dioses llevaban a cabo su limpieza con eficacia y pulcritud. Se metían en el alma, daban sus órdenes, y se largaban con los espíritus de los muertos: ¿para qué?

 

Para esto:

 

Cuando llegué al claro del bosque, al pie de la carretera general, pude ver reluciente a la nave cóncava. Los espíritus de miles de seres humanos eran depositados por unos tentáculos en el seno de unas turbinas enloquecedoras. La nave recargaba así sus baterías, despojando a la humanidad de vida y de alma.

 

Ahora, unas entidades verdosas, provistas de largos tentáculos, me inmovilizaban. Pero me bebí el frasquito con el alma de mi amada. Y recé un ensalmo muy antiguo que según decían, siglos atrás, me serviría para hacer eficaz la magia de la unión:

 

-- “Padre nuestro, que estás en los cielos…”

 

Si nos queman como combustible de la nave, que sea a los dos juntos. Eso fue lo que pensé en el momento de entrar en la turbina.

 

Puede que los dioses nos lean el alma antes de quemárnosla. Si es así, es que son dioses.

 

Tyndalos

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