KHARVATOS

Portador de Destrucción y Hacedor de Mundos Ficticios

 

No me preguntéis jamás sobre mis orígenes y procedencia… pues los desconozco. Y cada vez que se me hace esa pregunta mi esencia vital se diluye un poco más.

Soy mensajero. Mero transmisor de la Verdad Oculta. Y como la Verdad es transgresora siempre, en cada una de sus revelaciones destruye uno de los Grandes Misterios. Así el Cosmos va consumiéndose poco a poco

Soy, por tanto, Portador de Destrucción. Anatema del Misterio y de la Creencia, que es la puta de lo Verificado.

Tan sólo vagos recuerdos de aquel yermo desolado donde aparecí por vez primera tras mi última metamorfosis.

La caminata se me hizo interminable, y bajo el Ardiente Abrasador de los Siete Soles de Bool-Therath hallé la fuente de la que manan todas las Realidades que coexisten en el Tiempo y en el Espacio. Bebí de ella con avidez, y junto a ella morí y renací infinitas veces.

Y en cada nuevo renacer un nuevo signo, una nueva runa, se iban grabando sobre mi piel. Así, cada signo, cada runa, no son más que la impronta de una historia, borrándose cada vez que una es narrada. Y mi lacra es que debo transmitirlas todas hasta el fin de los días. Con el objetivo de que se cumpla el Ciclo y los Antiguos Dioses despierten de nuevo de su Eterno Letargo.

Tened, pues, temor de las historias. Ya que a través de mi se entretejen todas. Y todas ellas confluyen en la Verdad Oculta para destruir el último de los Misterios que gritará por siempre Nyarlathotep, el emisario, a los sordos oídos del dios loco Azathoth.

Con todo esto, desnudo y abandonado, atravesé las tres Puertas de Bronce y llegué a la antigua ciudad de Celephais. Donde viejos maestros curaron mis llagas y me enseñaron El Habla. Y me vistieron con ricos atuendos. Pues ellos sabían que las runas debían ser cubiertas. No podía ser de otro modo.

Me llevaron ante el monarca Kuranes, gobernante de Ooth-Nargai, y él se postró ante mí. Rindiéndome un profundo respeto. Pues él sabía quién era yo.

Y fue el mismo Kuranes quien me entregó el Báculo del Pesar. Ya que con cada historia narrada mi decrepitud se acrecienta y no puedo sostenerme sin ayuda.

Hora era ya de emprender de nuevo el camino.

Visité la Biblioteca de Caeleno, cuyas puertas custodian los Shantaks. La Kadath del Frío Yermo, donde el sacerdote del velo amarillo me desveló innumerables secretos a la entrada del monasterio de piedra. Viajé a las ruinas de la milenaria Carcosa, cerca del lago Hali, donde habita El Innombrable. Anduve por los restos de la Ciudad Sin Nombre. Me hundí en las profundidades de Y´ha-nthlei y a través de pactos blasfemos y drogas prohibidas volé hasta el lejano Yuggoth.

Así, desperté un día cerca del pueblo de Kingsport. Como foráneo profané el templo subterráneo, donde la antigua raza que allí habita adora a dioses imposibles. Enloquecí con la música de las esferas y hasta vomité mi padecimiento para hacer participes de él a todos los que saben o pueden llegar a saber.

Soy el Portador de Destrucción. Preparaos para el entendimiento. Pues los signos comienzan a borrarse.